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Apenas llevamos dos semanas de viaje y ya hemos atravesado cinco países y nueve ciudades. En tres de estos cinco países hemos estado con personas refugiadas que nos han contado cómo es su nueva situación. 

Sabemos que el asilo varía en función de cada país, sin embargo nos hemos encontrado con grandes diferencias, ya no solo entre cada uno de estos países, sino entre distintas ciudades dentro de un mismo país. 

Ni qué decir tiene que las políticas y procedimientos que se implementan no ayudan a la integración de estas personas en la sociedad. Se les concentra en edificios a las afueras de las grandes ciudades o en pequeños pueblos alejados, donde no llamen demasiado la atención, donde no se les vea, donde no molesten. Y donde puedan permanecer el mayor tiempo posible y así asimilar las costumbres de la sociedad de acogida antes de mezclarse con la ciudadanía local. ¿Dónde está el intercambio cultural? ¿el enriquecimiento social? ¿el aprendizaje mutuo?

Creemos conveniente dar más detalles sobre lo que hemos visto con el fin de hacer visibles las carencias del sistema:

En Suiza, visitamos a una familia de 6 miembros que viajó en 2015 gastando 30.000 € para hacer el trayecto desde Siria lo más rápido posible – pero no por ello de la manera más fácil -. Nos contaron que en este país existen diferentes tipos de permisos de refugiado, los cuales varían en libertades y derechos tanto de movilidad, como de trabajo. Este permiso se concede en función de lo que se determina en las entrevistas, es decir, es totalmente subjetivo y desigualitario, fomentando las diferencias entre las propias personas refugiadas y, de esta manera, fomentando las disputas y entorpeciendo la convivencia tanto en la sociedad de acogida, como entre ellos mismos. Sin embargo, todos ellos, reciben clases de francés y desde el primer momento contaron (y contarán durante los primeros 3 años) con el derecho a un intérprete para todos los asuntos en que lo necesiten.

 


El siguiente país que visitamos fue Alemania, donde encontramos el mayor número de diferencias entre ciudades. Los refugiados viven en campos, que normalmente son edificios con habitaciones compartidas entre dos o tres personas, y baños y cocina comunes en los que conviven personas de múltiples nacionalidades hasta que consiguen trabajar y tener su propia vivienda, lo cual, por lo que pudimos comprobar, es muy complicado. El dinero que cada persona recibe de manera mensual varía mucho de un lugar a otro, a pesar de ser el mismo país. De las tres ciudades que visitamos (y que se encuentran a apenas 1h o 1h30 la una de la otra), en una se reciben 409€ mensuales por persona, en otra 310€ y en otra 220€. Para poder encontrar un trabajo necesitan un nivel alto de alemán, sin embargo, solo una de las personas con las que estuvimos iba a clase, el resto estaban todavía esperando la escolarización. Ninguna de ellas sabe cuándo podrá trabajar y tener su casa, es decir, ser independientes, tener una mayor libertad y vivir en igualdad de derechos con el resto de ciudadanos. Quisimos preguntar a otras personas que vivían en sus mismos campos y muchos nos dijeron que llevaban allí incluso más de un año, lo cual no arroja demasiada esperanza al asunto.

Después de Alemania nos trasladamos a Luxemburgo, donde estuvimos con un joven de 22 años que deberá permanecer en un campo hasta los 25 años, solo entonces podrá “integrarse” totalmente en la sociedad del Gran Ducado. Recibe clases de todos los idiomas que se hablan en este país: luxemburgués, francés y alemán, además de inglés. Sin embargo, no domina ninguno, va a clase muchas horas semanales para cada uno de estos idiomas y los confunde. Recibe tan solo 25 euros mensuales para pequeños gastos, pero cubre todas sus necesidades mediante vales que cambia por alimentos y ropa; además, tiene derecho a asistencia sanitaria y psicológica. Tiene derecho a dormir fuera del campo en el que ahora reside tres veces al mes, siempre y cuando avise con antelación e indique dónde va a estar. 

En resumen, lo que nos hemos encontrado hasta ahora no nos ha sorprendido demasiado, sabemos que Europa no estaba preparada para este éxodo masivo, pero en una UE que comenzó siendo tan prometedora es difícil hacer las cosas tan mal. No por ello vamos a dejar de reivindicar un sistema de asilo y de reunificación familiar justos, además de una mayor acogida, ya que por todos es sabido que ningún país está acogiendo al número de refugiados que se comprometió a acoger. 

Es importante que toda esta información se sepa y se denuncie, que se trabaje para conseguir mejoras en cuanto a rapidez y eficacia de tramitación y unas condiciones de vida dignas para todos y todas. 

Comparte y difunde.

Seguiremos informando.

 

 

 

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